Una moto varada en Bogotá no siempre necesita grúa. Muchas veces el problema es la batería, una llanta o una cerradura, y eso se resuelve en el sitio. Pero cuando la moto ya no puede rodar —se apagó y no vuelve a arrancar, se rompió algo en la transmisión, hubo una caída— hay que moverla, y moverla mal sale más caro que el daño original.
Nosotros llegamos con un platón con rampa metálica, no con un gancho. La diferencia importa: con gancho la moto va rodando sobre una rueda y depende de que alguien la sostenga; en el platón va completa, apoyada y amarrada, y lo que se mueve es el carro.
Cuándo hace falta la grúa y cuándo no
Antes de subirla miramos. Es más rápido y más barato para todos, y es la razón por la que salimos con herramienta y no solo con el vehículo.
- No prende y hace ruido de marcha. Casi siempre es batería o conexión. Medimos y, si es eso, arranca y sigues. Eso es paso de corriente.
- No prende y no hace nada. Puede ser batería muerta, un fusible o el interruptor. Se revisa en el sitio.
- Prende pero no se puede rodar. Llanta baja, cadena salida, freno pegado. La llanta la resolvemos ahí mismo; lo demás depende de qué se rompió.
- Prende pero no debe rodar. Después de una caída, aunque la moto arranque, llevarla rodando puede convertir un golpe en una reparación grande. Ahí la subimos.
Si estás en duda, escríbenos con una foto y te decimos qué conviene. No cobramos por opinar antes de salir.
Cómo la subimos
La rampa se despliega desde el platón y la moto entra empujada, no levantada. Eso evita el momento en que dos personas la alzan y una pierde el agarre, que es cuando aparecen los rayones y los tanques abollados.
Una vez arriba, el amarre es la mitad del trabajo. Una moto de trabajo y una deportiva con carenado no se aseguran igual: los puntos de anclaje son distintos y hay superficies que no aguantan que una cincha las apriete. Usamos protección donde la cincha apoya y tensamos contra la suspensión, no contra el plástico. Si la moto trae maletas rígidas o un baúl, a veces conviene quitarlos antes de subirla, y te lo decimos.
Con la moto asegurada, revisamos que el manubrio quede firme y que la rueda delantera no tenga juego. Recién ahí arrancamos.
Hasta dónde la llevamos
El destino lo pones tú. Lo más común es el taller de confianza, el concesionario de la marca o la casa, y en Bogotá eso puede quedar en cualquier parte: hemos llevado motos desde Suba hasta talleres en Usaquén, desde Engativá hasta el sector del 7 de Agosto, y de Chapinero a un parqueadero en Teusaquillo cuando lo que el dueño necesitaba era dejarla guardada y volver al otro día.
Trabajamos en Bogotá completa, y salimos a la Sabana bajo pedido. Si la moto quedó fuera de la ciudad, escríbenos con el punto exacto antes de asumir que no llegamos: a veces sí, y si no, te lo decimos de una.
Qué necesitamos saber para salir
Con tres cosas alcanza para darte precio y tiempo:
- Dónde está la moto. La ubicación de WhatsApp es lo más rápido. Si está en un sótano o en un conjunto, avísanos: cambia la forma de sacarla y a veces hay que coordinar con portería.
- Qué moto es. Marca y cilindraje. No es curiosidad: define el amarre y si hace falta llevar protección adicional.
- A dónde va. Con eso cerramos el precio antes de salir, y no cambia al llegar.
Si no sabes qué le pasó, no importa. Cuéntanos lo que viste —que se apagó andando, que hizo un ruido, que no prende— y salimos a mirar. Para eso está el carro taller: el auxilio empieza por entender qué pasó, no por subir la moto al platón.
